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jueves, 6 de diciembre de 2012

Cómo representar una Dictadura



Este texto de opinión lo escribí hace unos días para el trabajo final de la cátedra de Producción de Textos, de la Facultad de Bellas Artes de la UNLP. Acá está el original. El trabajo, en general, constaba con escribir una serie de textos de diversas características (narrativo, de opinión, informativo, poético, etc) sobre una obra artística en el marco de la cultura latinoamericana. La elegida por mi grupo fue Los 80, la serie que transmite Canal 13.

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La dictadura de Augusto Pinochet, que gobernó Chile desde el violento golpe de Estado el 11 de Septiembre de 1973, hasta marzo de 1990, es considerado uno de los regímenes más sanguinarios y violentos de la historia del siglo XX. Si bien se enmarca entre una cantidad de hasta 10 situaciones simultáneas similares en la región, de todas las dictaduras militares que se dieron en Latinoamérica en la segunda mitad del siglo pasado, es la dictadura chilena la que ha sobresalido, principalmente porque fue la más larga, y especialmente por los niveles de violencia que alcanzó. Pinochet se encargó de llenar el mundo de chilenos en el exilio, que dedicaron sus años a denunciar lo que estaba pasando en su país. Pero mientras la atención se quedó en las desapariciones, torturas, secuestros y asesinatos, la dictadura operaba su verdadera victoria. La derrota a la dictadura chilena se transformó en sacar a Pinochet del poder, para que en Chile ya no se matara más; pero la violencia que las Fuerzas Armadas ejercieron en su régimen, no se quedó solo en las violaciones a los Derechos Humanos. La dictadura chilena fue artífice del primer experimento político, social, y económico, escenario real de la tesis de un grupo de estudiantes chilenos de la Universidad de Chicago, que bajo la tutoría de Milton Freedman, instalaron por primera vez, y en base a una doctrina del shock y el terror, el neoliberalismo. La victoria de la dictadura entonces, se tradujo en su profundo arraigo en la institucionalidad y marco legal chilenos, dejando amarrada incluso una constitución que hasta el día de hoy está intacta. Chile se transformó entonces en el país modelo del sistema capitalista occidental, y la sociedad chilena se transformó en una sociedad de consumo. ¿Cómo se representa esto? ¿Cómo puede el arte explicar estas transformaciones, a un nivel que sea fiel con la realidad?

La serie de televisión “Los 80”, que ya cumple 5 años al aire por televisión abierta, nos narra la historia de una familia de clase media resistiendo los embates de una época convulsionada por la violencia política de la dictadura de Pinochet. Encontramos en esta serie de televisión, una representación sorprendentemente fuerte de la época, con sus desgracias y alegrías, que ha logrado superar las limitaciones del rating y los índices económicos propios del medio, para mantenerse como líder en sintonía, en horario de estelar, y con éxito de crítica. Pero el acierto de “Los 80” no radica en su categoría de éxito televisivo, sino en su capacidad de articularse como universo representador de una herida aún abierta en una sociedad que encontró en ésta su vía de escape para mirarse a sí misma. Su éxito recae en la capacidad que tuvo de conectarse con la realidad que a miles de chilenos, más allá de su grado de militancia o claridad ideológica, les tocó vivir; capacidad que supo aprovechar la vitrina televisiva, pues no es lo mismo hacer una película, con tiempo acotado, que será vista por, a lo sumo, unos miles de espectadores, que hacer una serie televisiva de cinco años, vista por cientos de miles cada domingo por la noche.

Desde el principio, la serie se la jugó por dar esbozos de la situación social y política chilena, acorde a las fechas en las que la historia comienza; el año 82, donde transcurren los capítulos de la primera temporada, estuvo marcado por la grave crisis económica que llevó al régimen militar a comenzar a implementar las reformas necesarias para instalar el nuevo sistema político-económico. El desempleo, las incipientes protestas, las privatizaciones, la llegada de nuevas tecnologías extranjeras y la aparición de los créditos, son algunas de las cosas por las que pasa la familia Herrera en los comienzos de la serie, y que a la vez son los síntomas que experimentó la sociedad en su conjunto, como resultado de los cambios políticos y económicos que se estaban llevando a cabo. La llegada de un televisor como gran alegría para la familia, se contrasta con la súbita pérdida de trabajo del padre de familia, y los posteriores conflictos que tiene al intentar defenderse con su sindicato. La crisis económica es el eje de la primera temporada, y apertura para lo que vendría después.

Durante los años 83 y 84, debido a la grave crisis económica, los chilenos comenzaron de a poco a perder el miedo a los militares, y comenzaron a salir a la calle, comenzando una segunda ola de represión, casi más sanguinaria que la primera; mientras los primeros siete años de la dictadura fueron de desapariciones, secuestros y allanamientos por la noche, y mucho silencio, la década de los ochenta fue de combate en la calle, asesinatos a la luz del día, y muchos enfrentamientos entre civiles y la policía militar. En la serie, la hija mayor, estudiante universitaria, comienza paulatinamente a verse envuelta en las protestas, a las que apoya a pesar de la preocupación de los padres. Es así como comienza una relación con un militante de una organización clandestina llamada el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (brazo armado del Partido Comunista), y se ve envuelta en los devenires del enfrentamiento directo con la dictadura; se van al exilio, separándose de su familia, y cuando ella y su novio vuelven a Chile, ella es secuestrada por un agente de la policía secreta de Pinochet que se había hecho pasar por hermano perdido del padre de la familia, y el novio militante es asesinado. Cuando ella vuelve a su hogar, el agente deja abierta la amenaza de la vigilancia y la represión estatal. Así, durante todo este arco argumental, la serie alcanzó su máximo compromiso con la realidad de la época, al mostrar explícitamente secuestros, allanamientos, enfrentamientos armados, escenas de torturas y asesinatos, todo hábilmente mezclado con las imágenes de archivo característicos de la serie, y articulado con hechos históricos reales.


Paralelamente al desarrollo de la trama, a ese nivel político, la serie nos narra transformaciones más sutiles tanto en las dinámicas sociales, como en las subjetividades de los personajes. Juan Herrera, el padre de familia, trabajador esforzado, nos sirve de ventana para entender cómo la clase trabajadora se desbarató a manos del desempleo, se descabezó políticamente, y quedó a merced de la ola neoliberal. Así, Juan pasa de ser capataz de una fábrica textil, a vendedor en una tienda de ropa, y luego a dueño y administrador de su propia y modesta fábrica de textiles. Los valores del libre mercado instalados en la época, se ven reflejados en el arco argumental del personaje, que en circunstancias de no encontrar trabajo, recurre a la empresa y el comercio, como miles lo hicieron en la época, buscando la forma de salvar la crisis.

La despolitización es otro de los factores en los que la serie acierta. La dictadura atacó no sólo a las orgánicas políticas de izquierda, sino que también al propio ejercicio de la política en lo cotidiano, a través del miedo. Así es como Ana, la madre, cuya preocupación máxima es la seguridad de sus hijos, tiene miedo incluso de mencionar temas políticos. Rehúye los debates, y es reacia a las ideas que su hija tiene. Cuando en la radio aparecen noticias de carácter político, y Claudia, la hija, comienza a tocar el tema, Ana apaga la radio. Y es que ella es víctima también del bombardeo cultural que la dictadura instaló; al cercenar a los artistas populares, comprometidos política y socialmente, los medios de comunicación masivos, cercanos al régimen, abrieron la época de los estelares televisivos, los concursos de belleza, y las bailarinas. Ana, como la mayoría de dueñas de casa, es espectadora de un entramado cultural destinado a despolitizar y desinformar. Pero toda esta imposición tiene su resistencia.

Martín, el segundo hijo, tiene como sueño entrar a la escuela de aviación de la Fuerza Aérea. En los comienzos de la serie, debido a su vocación, tiene ciertas ideas y posturas afines al régimen militar, y por ello discute mucho con su hermana Claudia. Pero debido a un accidente, queda imposibilitado de ser piloto, y cae en una depresión que lo llevaría a acercarse a malas influencias y ambientes turbios. Es en esta misma situación que, de pronto, se encuentra con toda una cultura underground que por sí misma intenta resistir los embates de la dictadura; conoce al grupo “Los Prisioneros”, banda emblemática de la juventud ochentera, cuyas letras de denuncia social son himnos hasta el día de hoy. Martin entonces se involucra en este ambiente, y comienza a ver en carne propia la violencia de la dictadura, cuando comienza a trabajar de camarógrafo en un canal independiente que envía material fílmico al extranjero. Este arco argumental nos presenta a una juventud que se negó a alimentarse de la cultura impuesta, y comenzó a generar los focos de resistencia que estallarían en los años venideros.


La dictadura chilena se acabó cuando Pinochet decidió volver a legalizar a los partidos políticos opositores, con excepción del Partido Comunista, y juntos convocar a un plebiscito donde se decidiría si él seguía en el gobierno o no. La sociedad entera se volcó a votar que No, y Pinochet entregó el mando al presidente siguiente, comenzando la “transición a la democracia”. La dictadura chilena, así, perdió en las urnas, pero ganó en todo lo demás, pues este final pactado fue el acuerdo que necesitaba la derecha para poder consolidar los cambios políticos e institucionales que la dictadura fraguó durante los ochenta. Hasta el día de hoy, la constitución y el marco legal que Pinochet instaló hasta el último día de su régimen, siguen vigentes. La sociedad chilena, tal como lo es hoy, es producto de este régimen, y de su legado. El gran valor que tiene “Los 80”, es haber sido capaz de imponerse por sobre lógicas del negocio, y lanzarse a mostrar una época tal cual lo fue: sin caer en el lugar común de poner a la lucha contra la dictadura como un enfrentamiento entre el bien y el mal, y sin caer tampoco en la omisión de la situación política, reduciéndose a una telenovela de nostalgia generacional, fue capaz de conjugar todos los niveles de la violencia pinochetista, en una sola familia, que los enfrenta con la fuerza que la sociedad chilena enfrento a la dictadura durante 17 años. Todo esto, en horario estelar, y con el más alto rating, prueba de que los chilenos no sólo ven una serie, sino que ven un espejo, y por lo tanto en el fondo, adentro de la sociedad de consumo instalada, hay resistencia también.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Sobre por qué soy crítico con la Teletón

La excusa perfecta para revivir este blog, es obviamente, el tema del momento: la Teletón. Ya que cada año son más los "conflictos" que van apareciendo respecto a este evento, lo que hace, lo que dicen que hace, y lo que significa, que me pareció interesante lanzarme a recolectar los argumentos por los que creo que la Teletón no es la solución mesiánica, ni el clímax de la solidaridad. Y como pareciera que el tema saca cada vez más adeptos y detractores, vamos a ver si esta entrada aporta en un granito de arena a los que estamos del lado de los detractores.

Antes que todo, aclaro que no soy ningún anticristo, que odia a los discapacitados, y que odia la solidaridad y a los niños. Cada vez que digo, o alguien dice, que no está de acuerdo con la Teletón, o con parte de ella, salta una horda de fanáticos de la solidaridad a culparte de insensible, criticón, mala onda, sin corazón, desalmado, o cosas por ese tipo. Así que parto por aclarar algo básico para poder discutir en paz: estar en desacuerdo con la Teletón no es estar en desacuerdo con la rehabilitación de niños con capacidad reducida. Al contrario, es un intenta de mantener en el debate un tema que, a nuestro juicio, está mal tratado como sociedad; es querer buscar mejores formas de ayudar a esos niños. Con eso dicho, quisiera hacer otra acotación. Ya que hoy en día a los que les faltan argumentos o capacidad de debatir ideas, les gusta hacer como que los argumentos de uno son inválidos porque no tienen un número o una estadística, voy a complementar lo que digo con fuentes periodísticas, o videos, al final de la página. Así que, si piensa responder, hágalo sabiendo que ignoraré cualquier comentario como los que acabo de describir.

Lo primero es lo primero. La Teletón es un evento que dura 1 día al año. La gente va y dona su dinero que con esfuerzo se gana, durante todo ese día, y se siente tranquila consigo misma. "Ayudé", "Vamos a cumplir la meta", dicen auto complacientemente. El resto de 364 días del año, la cuenta 24.500-03 sigue abierta, y nadie, nadie considera la opción de donar su dinero en esos días. ¿Porqué? ¿Cual es la diferencia entre donar el día que se hace la Teletón, y cualquier día del año? La diferencia es, honestamente, que cualquier otro día del año, el tema no le importa a nadie. Nadie ni si quiera lo piensa. Y por eso, la Teletón tiene un efecto nefasto, y es que hace que la sociedad completa se sienta satisfecha con el trabajo hecho durante las 27 horas de amor, y el resto del año no haga un comino por el tema en cuestión. Pero lo cierto, es que la Teletón no resuelve el total de los problemas de los discapacitados, ni de cerca. Entonces, en definitiva, la Teletón nos ciega ante la verdad de que como sociedad, no somos capaces de alcanzar un sistema de rehabilitación de la gente con discapacidad, sino que sólo un parche de un año de duración.

¿Pruebas? La Teletón sólo cubre a una mínima parte de la población con discapacidad (algunos dicen que sólo un 93%). Y sólo a niños. Entonces, no es de extrañar que el mismo día que comienza la Teletón, una protesta llevada a cabo por discapacitados organizados, declaraba su rechazo a la Teletón, por ocultar el verdadero problema: la falta de un sistema de rehabilitación y tratamiento real, que alcance a cubrir la demanda real. Cuando ocurrió esto, Cecilia Bolocco, que se dirigía a participar del espectáculo, arrolló con su auto a los protestantes con muletillas y sillas de rueda, mientras carabineros los reprimía violentamente. Mientras tanto, la gente veía en su casa la vedetón.

¿Porqué la Teletón no cubre a todos los discapacitados? Porque es una iniciativa privada, y por lo tanto, sus recursos no están destinados exclusivamente a la rehabilitación, sino que también a la propaganda, y gran parte a la maquinaria necesaria para realizar el show. También, dicen, a pagarle a los artistas y animadores que voluntariosamente y con todo el corazón, trabajan las 27 horas de amor.

Sea o no cierto esto último, la verdad es que los que realmente ganan con todo esto son las grandes empresas. La gente que realmente gasta, es la que menos tiene. La cantidad de dinero que donan las empresas y privados es ínfima, en comparación a lo que ganan con este negocio. Te dicen que compres sus productos, en supermercados y multi tiendas que no contratan a gente discapacitada; te dicen que dones en bancos cuyas sucursales, en muchas ocasiones, no tienen acceso a discapacitados; te dicen que la solución es un show una vez al año, en vez de tener un sistema de salud público que garantice el acceso a la salud a todos los chilenos, incluído el tratamiento a discapacitados.

La Teletón existe porque el Estado tiene una gran falencia, y no es de extrañar que ambos estén relacionados; la Teletón nace el 78, en plena dictadura, cuando los que pensaba Chile y el Estado lo estaban desmantelando. Cuando lo público se desmembraba en pos de la iniciativa privada, que no garantiza igualdad para todos, y cuyas acciones van de la mano con el generar excedentes y ganancias. Básicamente, se cambió la lógica de la colaboración y el colectivismo, por la lógica de la competencia y el individualismo; y la Teletón, está más del lado de esta última, a pesar del discurso de unidad de todos los chilenos, del grano de arena de cada uno, o de que "Chile un solo corazón". Patrañas, la Teletón funciona más como lavado de imagen, fuente de dinero para grandes empresas y personajes de la televisión, y parche mediático de un Estado que se achica cada vez más.

La gente que se siente solidaria, sensible y caritativa, cuando dona sus luquitas en el banco, y se pasea con su sticker de donante, ¿se conmueven cuando ven las imágenes de los niños mapuches baleados en el sur? ¿Son conscientes de eso? La mayoría hace como que eso no pasa, porque es un tema un poco serio, de política, aburrido. Eso es pura hipocresía. Si de verdad los moviera la solidaridad y la compasión, todos los argumentos anteriores serían suficientes para ser críticos a la Teletón, y no alabarla como el orgullo de Chile, el país solidario. Ser crítico, es aportar a buscar nuevas soluciones, mejores, más sinceras y efectivas. La solidaridad se practica todos los días del año, en trabajar y aportar para buscar un mundo mejor en todos los aspectos, desde la gente con discapacidad, a la represión al pueblo mapuche; desde la salud, a la educación. Y la raíz de los problemas radica, al final, siempre en lo mismo, aunque algunos no lo quieran ver.

Comparto algunos links en los que me baso para escribir esto:

http://www.theclinic.cl/2012/11/30/bancos-chilenos-tuvieron-utilidades-por-mas-de-70-veces-la-meta-de-la-teleton-entre-enero-y-octubre/

http://www.elciudadano.cl/2012/11/30/60918/critica-a-la-teleton-explota-en-redes-sociales/

http://www.biobiochile.cl/2012/12/01/rechazo-provocan-condicionamientos-de-compra-de-ripley-y-unimarc-para-donar-a-la-teleton.shtml

http://www.youtube.com/watch?v=cCeigbb5LeM

http://www.biobiochile.cl/2012/11/30/por-que-odiamos-a-la-teleton.shtml

martes, 18 de noviembre de 2008

La Teoría del Gameboy, parte III

Hace como 1 año que escribí las dos primeras partes de la Teoría del Gameboy, y además hace tiempo no escribía en el blog. Lo tenía bien botado, y ayer me puse senti/nostálgico y me puse a leerlo, así que me motivé y decidí volver a escribir regularmente, aunque, como de costumbre, nadie lo lea; además le cambié el nombre al blog, como por 16121681515ª vez, pero prometo que este será el definitivo ;D.
Ahora retomaré la teoría (Para leer la 1ª parte click aquí, y la 2ª parte aquí).

Quedamos en que en la vida, así como en los videojuegos, yo soy una especie de protagonista, y toda la gente que se relaciona conmigo está programada de alguna forma, y si yo voy y le digo a uno "Oye, tu existencia está basada en función de mi relación contigo, tu existes solo cuando estás conmigo, y nada más, porque estás programado para eso.", él me respondería, "pero yo existo, tengo una vida aparte, en la que tu no siempre estás". Como yo no tengo forma de comprobar eso, lo creo, pero ¿Y si esa es la respuesta que deben darme para hacerme creer que es cierto, y evitar que yo piense que realmente está programado? Yo no tengo posibilidad de precenciar aquella vida que tiene él aparte de la mía, sin mí, porque si yo lo viera, ya dejaría de ser una vida sin mí, y pasaría a ser parte de su existencia basada en la relación conmigo, así que no contaría como prueba de que él tiene una vida aparte e independiente. Así que aquí la teoría se alinea con los empiristas más radicales como David Hume, y yo sentencio que si no tengo la experiencia de que aquel personaje secundario de mi vida tiene una vida aparte, eentonces está la posibilidad de que de verdad no tenga una vida.
Ahora, si esa persona está programada para relacionarse conmigo, y para responder aquella frase predeterminada de "yo sí existo...", entonces alguien debe haberlo programado. Dentro del mundo en el que me desenvuelvo, rodeado de estos personajes secundarios, se le llama Dios, o Destino, o Alá, o Mounstro de Espageti Volador, o etc. Hay infinitas formas de nombrar a ese creador, que representan la misma idea, pero yo casualmente, siendo el protagonista de este videojuego llamado vida, no creo en ninguna de esas cosas. Ahora bien, si la teoría fuera cierta, tendría que existir un programador, un creador, que maneja a estos personajes secundarios, tal cual un programador diseña un juego de video. Entonces, tal y como los videojuegos, ese programador, además de diseñar la totalidad de la vida de los personajes secundarios, también diseña todo el mundo y los eventos en función a un objetivo que debe cumplir el protagonista, en ese caso yo. Así como en Pokemon atrapamos monos feos para ganar la Liga, y en Super Mario matamos tortuguitas para salvar a la Princesa, yo también tengo que tener un objetivo. Eso significaría que todo lo que hago también está determinado. Y así como Mario no puede hacer un salto gigante y llegar al final del juego de una, yo tampoco puedo hacer algo para alcanzar el objetivo más rápido de lo que desea el programador, o hacer cosas que él no quiere. Mario no puede matar a Yoshi ni a Luigi, porque en el juego, al estar programado de tal forma, no existe forma de hacerlo. Yo también estoy determinado así de alguna forma, no puedo matar a los personajes secundarios que me rodean y me ayudan porque hay leyes que me lo impiden, y reglas éticas, etc. Esas leyes y reglas serían las que impiden que yo me salga del plan del programador, y me mantienen por el camino que él quiere que yo siga.

La teoría sería esa, aunque puede dar para mucho más, pero extenderla ya sería mucho jugo. Ojalá les haya gustado, y quizás otro día haga otra teoría loca xD pero por ahora me da paja :)

lunes, 23 de junio de 2008

¿Como podríamos no tener razón?


Hace unos días se cumplieron 5 semanas desde que en el ICEI nos fuimos a paro, y luego a toma, uniéndonos a muchos colegios y universidades que levantaban una huelga nacional de la que un pequeño porcentaje de chilenos está enterado. Ya teniendo experiencia en lo que es una toma (mayo del 2006), en lo que es una marcha (la de la CUT y algunas cuantas), y en como es un proceso de movilizaciones, esta vez definitivamente fue distinto. Por primera vez estaba en Santiago, en el centro mismo del país, donde, como suele decirse, "está todo pasando". Aunque me perdí las primeras acciones, como la funa al consejo universitario, de a poco me fui involucrando en el proceso, yendo a marchas, yendo a la toma, participando en eventos, incluso tocando con Astoreka. Y mientras más me involucré, comencé a presenciar un nivel de violencia, tanto física como sicológica, hacia nosotros los estudiantes como personas y también hacia el movimiento como proceso. Vi con mis propios ojos como los pacos golpeaban a un secundario que iba caminando a mi lado por un parque sin hacer nada; vi como un guanaco tiraba agua al balcón de un departamento, y como también lanzaba agua a estudiantes que caían a un río porque se encontraban al borde de la baranda; vi como un auto atropellaba a un motociclista frente a nosotros, y como los pacos, viendo lo que ocurría, no hacían nada, preocupados de golpear y atrapar a los manifestantes; vi como sin provocación alguna los pacos disolvían marchas pacíficas, llegando incluso a interrumpir, mediante zorrillos y guanacos, un recital de Juana Fé en la Plaza de los Héroes. Me mojaron con sus chorros de agua infestada de químicos que me hacían arder la piel, casi me atropelló un zorrillo, lanzándome su gas, mientras yo trataba de grabar la represión desmedida e injustificada que estábamos viviendo. Y también, cada día luego de lograr escapar de la represión semanal, llegaba a mi casa agotado, hambriento, muchas veces por quedar atrapado en la Casa Central de la Chile, con los pacos afuera, sin dejarnos comer, y al prender la tele veo a la ministra Mónica Jiménez (a.k.a. la vieja culiá) diciendo una cantidad incontable de mentiras por minuto. Teniendo la oportunidad de ejercer, mediante los medios, su deber moral como miembro de la clase política chilena, el cual es hacer valer la voz del pueblo, se dedicó durante todo este mes a atacar de una forma descarada toda expresión de parte de los estudiantes, totalmente convencida de que nuestro movimiento no tenía fundamentos, diciendo que recurríamos a la violencia y nos negábamos al diálogo, cosa que los medios masivos (prensa y TV) respaldaban totalmente, mediante noticias alejadas de la verdad, influenciadas por líneas editoriales conservadoras y elitistas, que evolucionaron desde el 2006, aprendiendo de su grave error, que fue darle un espacio en la televisión al movimiento estudiantil. Así fue como este año, por más que lo intentáramos, no logramos llamar la atención de los medios de otra forma que no fuera dejarnos reprimir por los pacos, cosa que en las noticias se transgiversaba con titulares como "Estudiantes protagonizan graves incidentes", o "Estudiantes inician graves disturbios". Hicimos de todo para llegar a la gente, para demostrar que los medios mienten y dar a conocer nuestro petitorio: la funa a Yingo, los videos en Youtube, conferencias de prensa, la Educatón, eventos y marchas culturales, ferias ciudadanas, marchas pacíficas, gritos creativos, tarreo en las calles, y muchas tantas ideas para de alguna forma llamar la atención de la gente. Pero a pesar de eso, todavía en la tele nos muestran como maleantes, y aunque he constatado en la calle que mucha gente nos apoya, la mayoría le cree a la TV.
Sé que todavía queda mucho por hacer y aunque ya volvimos a clases, espero que sigamos movilizados, porque durante este mes, un día tarreando en la Alameda con Ahumada, me pasó algo que me confirmó que no tengo excusas ni razones para rendirme, y que lo que hemos hecho es algo totalmente legítimo, y que ni los medios ni los políticos cínicos van a apagar los movimientos sociales: estaba yo pidiendo monedas para que los cabros de la toma de la Casa Central pudieran comer, cuando me encontré con 2 cuicos de Vitacura, estudiantes de la FEN, que no me dieron ni 5 pesos, y que me obligaron a explicarles todo nuestro petitorio para nada, porque mientras les explicaba lo que era el aporte Fiscal Directo se reían entre ellos. Me enojé, se fueron, y seguí tarreando, cuando de pronto se me acerca una caballero que me contó que él todos los días se sentaba a pedir monedas, y que vivía en la calle; me dio 200 pesos. Yo le dije que no se los podía aceptar, y le devolví 100 pesos, porque me dijo que no me iba a aceptar de vuelta la otra moneda, porque él quería aportar, ya que estaba de acuerdo con nosotros, y que él no sabía ni leer ni escribir, ni había tenido educación, y no quería que otros estuvieran en su situación. Me contó de donde era, le conté lo que estábamos haciendo, y nos despedimos. Y luego pensé: ¿Como podríamos nosotros los estudiantes no tener razón?

viernes, 21 de diciembre de 2007

Sobre como callaron al pampino


Patricio Rojas Ramirez fue el único pampino asesinado en la Escuela Santa María que tuvo una sepultura propia; nadie sabe donde están todos los demás obreros que mataron.
En la escuela hay un monolito feo y sucio, chico, que se está callendo a pedazos igual que la escuela.
Ahora está como de moda hablar de los pampinos, de la matanza, escuchar la cantata, etc, porque justo hoy se cumplen 100 años. Pero habemos muchos que le sacamos esta foto hace 2 años a Patricio Rojas, con pena; que cuando pasamos por la escuela Santa María sentimos impotencia por el olvido; que escuchamos la cantata con pena y a la vez esperanza. Y ojalá esto de conmemorar 100 años sirva para que aquellos que no están ni ahí, comienzen a recordar, y comienzen a reflexionar sobre como evitar que la historia se repita; la mayoría piensa "pero imposible que la historia se repita"... el 70 salió la Cantata, y Quilapayún cantaba "Quizás mañana o pasado, o bien en un tiempo más, la historia que han escuchado, de nuevo sucederá...", y 3 años después miles de personas asesinadas, torturadas, desaparecidas, a manos del gobierno militar. Así que hay que estar preparado, y dispuesto para luchar... así como los pampinos.

Y ahora mi pequeño y humilde homenaje, que ojalá algún día llegue a ser canción:

Sobre como callaron al pampino.

Narrador:

Ha pasado un siglo
Pocos lo sabemos
A muchos no interesa
lo que otros conocemos

Mataron a los pampinos
Mataron a los obreros
Mataron sus esperanzas
Con balas, ira y fuego

Pedían una vida digna
Pedían justicia y pan
Marcharon por el desierto
Lucharon hasta el final

Burgués:

En la escuela Santa María,
al lado de la Plaza Montt,
juntaron a los obreros,
la escoria de la nación

Los parias, la gente pobre,
creyeron tener derechos
¿De donde sacaron la idea
de aquello que dan por hecho?

De este mundo somos dueños
y la vida la manda el rico;
que ningún pobretón pampino
se atreva a cambiar lo dicho

No importa si marchan días
a través de la pampa ardiente
A la escuela los meteremos
y se encargará el teniente

Los hombres lujuriosos,
obreros y violadores,
a nuestras hijas mirarán
si no tomamos precauciones

No basta con encerrarlas,
el problema es el pampino,
quiere carne, ultrajarlas,
quiere robar, a eso vino

Obrero:

A eso no hemos venido
Para eso no hemos marchado
Queremos justicia ahora,
no seremos pisoteados

Ustedes que son tan ricos
¿que pierden con compartir?
Queremos que nuestros hijos,
puedan, felices, vivir

Es tanto el sacrificio
de picar a diario el salitre
Sin nada que lo compense,
imposible no estar triste

Es tanto el sacrifico
que a diario hace el pampino
para llenar los bolsillos
del pije, burgués y altivo

Si tan solo agradecieran
de una manera justa
aquel sacrificio terrible
de nuestra vida injusta

Pero el burgués no nos comprende
es la pampa nuestra amiga
la única que entiende
y que acompaña nuestra herida

Con ella hemos venido,
hemos bajado al puerto
Acá en Iquique queremos
que nos den lo que es nuestro

Justicia para el obrero
Justicia para el pampino
Justicia para los pobres
A eso hemos venido

Burgués:

Qué puede saber un pobre
sobre qué le corresponde
Quédense en sus casuchas
váyanse, no estorben

No rompan nuestra calma,
cobardes y sucios pampinos,
no se acerquen a nuestras casas
que con su esfuerzo construimos

Recuerden que aquí nosotros
a los obreros controlamos
Son ustedes nuestro rebaño,
haremos lo que queramos

Obrero:

Haga lo que quiera,
no le tenemos miedo
Yo como buen obrero
aquí en la escuela me quedo

No tememos a sus fusiles
Alzaremos nuestra bandera
Y aunque pasen mil años,
la pampa será un emblema

Su viento y su silencio
nos acompañan hasta el final,
y el sol de la pampa siempre
ilumina nuestra verdad

Somos hijos del salitre,
y así nos mantendremos,
y seremos el ejemplo,
luchando moriremos

Narrador:

La escuela ya está vacía
Iquique está en silencio
La muerte invade las calles
De aquel sábado negro

Veintiuno de diciembre
De mil novecientos siete
Dispararon los fusiles
Trayendo consigo la muerte

Mataron a los pampinos
Mataron a los obreros
Mataron sus esperanzas
Con balas, ira y fuego

Pedían una vida digna
Pedían justicia y pan
Marcharon por el desierto
Lucharon hasta el final

En la escuela Santa María,
al lado de la Plaza Montt,
juntaron a los obreros,
los mataron sin razón

Iquique fue el sufrimiento
del pampino consecuente
Iquique pasó a ser tumba
de la pampa y de su gente

Cien años han pasado
de aquella ocasión,
y los que recordamos
traemos esta canción

Que nunca se repita
la historia de los pampinos
Ni perdón ni olvido,
en honor a los caídos

Que paguen los que matan
Que paguen los culpables
Que pague todo aquel
que sea responsable

Fueron hijos del salitre
Fueron hijos de la pampa,
y allí su sangre mancha
al caliche que descansa

Cien años han pasado,
y cien más pasarán,
y siempre recordaremos
a los hijos del salar

Que dieron su vida pobre
por creer y luchar
Que dieron su vida noble
sin dejar de luchar.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Aniversario de Ubi Sunt

¡Al Fin! Un año. Un laargo año; cuanta agua (y mierda) a pasado bajo los puentes del Mapocho desde aquel viernes 1 de diciembre, hace un año, en el que sacamos Ubi Sunt en el colegio. Cuanto aprendí y compartí, durante esos 25 días de trabajo, de ideas, de risas, de planes y proyectos. Como iba yo a saber que aquella idea que apareció tímidamente en una conversación en la biblioteca se iba a transformar en lo que le está dando sentido a mi futuro.
Creo que nunca se me olvidará: yo igual venía pensándolo hacía tiempo, quería hacer algo, quería dejar una huella, decir lo que pensaba; ese día, 7 de noviembre, los del C fuimos a sacarnos la foto a la Plaza Prat, y dejamos a Antony y Carlitos a cargo de hablar con mi mamá, y con Abarca, por lo de las reuniones con los profesores, cuando hicimos la Reforma Humanista. Apenas llegamos, yo y Marito partimos a hablar con Antony, para que nos contara como salió toda la reunión. Nos quedamos hablando en la biblioteca; nos acordamos de Zoltan, y yo tenía el cuaderno con la Antología de sus frases. Nos acordamos de Samy, y de cómo había sido tan maricón con nosotros. Nos acordamos de tantas historias y anécdotas, y nos dábamos cuenta que eran el reflejo de que el rumbo del colegio iba de mal en peor. Y ahí nació Ubi Sunt. O al menos ahí se nos ocurrió; en ese momento decidimos despedirnos en grande.
Y durante 25 días trabajamos en secreto, como una secta o como no sé qué. Muchas veces estuvimos a punto de desistir; que problemas con el nombre, problemas con el flog, problemas con el video, problemas con que todos odian a Ubi Sunt desde antes que saliera, y un largo etc de problemas; pero igual lo sacamos. Y no pudo ser mejor. Fue tanto lo que entregamos de nosotros mismos dentro de esas 11 páginas, tanto de nuestra esencia, que desde ese día, al menos yo, pienso en Ubi Sunt todos los días.
Y es porque Ubi Sunt no es sólo ese diario subversivo que sacamos para despedirnos del colegio, tratando de cambiar un sistema que dejábamos, pero que no por eso dejaría de importarnos. Desde el mismo día en que ese diario vio la luz en el colegio, Ubi Sunt pasó a ser algo más grande; teníamos planes, teníamos ideas, sueños, y un sinfín de ganas de realizar todo aquello que queríamos. Nos íbamos a la capital, íbamos a la universidad, íbamos a tener la oportunidad de mostrarnos a Chile, de salir al mundo y decir lo que pensábamos, denunciar lo que creíamos está mal, y cambiar las cosas. Y entonces ubisuntismo pasó a ser sinónimo de idealismo.
Pero pasó 1 año, y no hicimos nada. Tenemos un blog que nadie visita, tenemos un montón de videos archivados, guardados, esperando ver la luz. Tenemos papeles y papeles de ideas demasiado ambiciosas como para ser realizadas. Y aunque el letargo y las distancias nos durmieron, todavía creemos en el ubisuntismo, y creemos en que podremos llegar a ser lo que queremos. Porque mientras hicimos la bandera, creamos los cimientos de lo que desde hoy será el ubisuntismo. Y con eso se acabará la desmotivación, se acabará la inoperancia, y volveremos a ser lo que fuimos desde el principio; un grupo de gente con cosas que decir, con ideas para llevar a cabo, con creatividad y capacidades, con problemas a los que atacar, y con esperanza de que es posible cambiarlos. Y estoy seguro de que vamos a lograrlo, y que tarde o temprano Ubi Sunt estará en boca de todos. Y todo parte con un diario, sigue con videos, luego con una bandera y ahí toma otro rumbo =)

domingo, 18 de noviembre de 2007

Cosas tontas

Quería escribir algo, pero no sabía qué, así que hablaré de cosas tontas, esas cosas que hacemos generalmente y que si uno lo piensa bien es estúpido, y no deberíamos hacerlas. Por ejemplo, si alguien nos pregunta la hora, y miramos el reloj que tenemos en la muñeca, cerramos el puño; porqué! porqué cerrar el puño, ¿acaso no podemos ver la hora sin cerrar el puño? ¿o es por si acaso? por si el que nos pregunta la hora es un flayte que nos quiere robar el reloj, entonces le mandamos un puñete. No! no hay que cerrar el puño para ver la hora.
Otra cosas tonta que hacemos los hombres es que generalmente, después de hacer pipí, nos lavamos las manos, por haber tocado aquello-que-no-debe-ser-nombrado; pero si uno lo piensa bien, debería ser al revés: deberíamos lavarnos las manos antes de hacer pipí; quién sabe que infecciones andamos trayendo en las manos, y ni nos damos cuenta. Algún día alguien será famoso porque se infectará, y ahí va a cambiar el mundo.
Pero lejos lo más tonto que hacemos los chilenos es ver los partidos de la selección contra Brazil, sabiendo que van a perder; y lo peor de todo es que los vemos esperanzados... somos muy weones.
Y aunque nos damos cuenta de que todas estas cosas son tontas, las seguimos haciendo.

Ahora que lo leo entero, salió como monólogo del Club de la Comedia xD

jueves, 25 de octubre de 2007

La Teoría del Gameboy, parte II


Click aquí para la primera parte.

Como dije anteriormente, la teoría se me ocurrió cuando noté que en los juegos de Gameboy, y en realidad en los videojuegos en general, sólo el protagonista, osea uno mismo, tomaba las decisiones, porque todos los demás personajes están ahí en función de lo que vive el protagonista.
¿Y si en la realidad fuera así? Puede que yo esté escribiendo esto siendo el protagonista del juego llamado mi vida, y que el lector que responda algún comentario diciendo "yo no soy un personaje secundario sin vida ni conciencia ni decisiones propias", sólo diga eso porque está de alguna forma programado para que diga eso, y así darme a mí la impresión de que en verdad el lector tiene vida, y estoy equivocado en mi teoría... pero no! jejeje, seguiré con la teoría.
Si entonces la vida fuera así, habría otro aspecto de los juegos que tendría que calzar. Cuando uno pierde, muere o se equivoca (en el juego) empieza de nuevo. A veces empieza de un poco más atrás, de donde lo guardaste, o si se te acaban todas las vidas empiezas desde el principio... ¿Y si lo que estoy viviendo ahora es una repetición? Puede que en mi vida yo me equivoque, o me morí, antes de llegar a una meta establecida, y entonces nací de nuevo para volver a vivir lo mismo, y entonces en aquel momento en que me morí, evitar esa muerte, para seguir. En SuperMario a veces saltabas encima de un tubito y de pronto salía una planta asesina y te mataba. Perdías un vida, y entonces empezabas de nuevo la etapa desde el principio, y al llegar al tubito ya sabías que la planta asesina iba a salir, y entonces estabas prevenido, y lo pasabas, y seguías. Sería lo mismo.

Entonces, si mi vida fuera siempre una repetición, y la gente que me rodea no tuviera un vida, más que aquellos momentos en los que se relacionan conmigo, todo lo que habría pasado antes de que yo naciera no sería cierto; sería como el prólogo del juego, donde te cuentan como Bowser secuestró a la princesa y entonces Mario debe salvarla: eso no lo viste, no lo jugaste, solo te lo cuentan. Aquí entonces entra la Teoría de la Mátrix, que en realidad no es mía, sino que es planteada en la película "Mátrix" (obviamente). Porque en la película la gente estaba conectada a la Mátrix, donde vivían una simulación ambientada a finales del siglo XX, y por lo tanto, la historia que a ellos les enseñaban en la escuela no era real, era el cuento que les narraban para que creyeran que la humanidad tenía un pasado, y por lo tanto hacerles creer que tenían un futuro. Pero la verdad es que siempre se repetiría la misma simulación en la misma época; la historia era una farsa.

Ya, seguiré después, profundizando en el tema de la historia, y viendo otro aspecto de los juegos que puede aplicarse a la vida.

miércoles, 17 de octubre de 2007

La Teoría del Gameboy, parte I

Ahora procedo a explicar una teoría que se me ocurrió hace tiempo, y que al fin voy a escribir, aprovechando de publicarla aquí en mi blog. Como es muy larga, la haré por partes. Ésta es la introducción.
La teoría del Gameboy es una teoría filosófica chanta que se me ocurrió un día jugando un juego de Gameboy, más específicamente "Pokemon Yellow", hace harto tiempo. Este juego consiste, obviamente, en ir atrapando Pokemones (los del juego, no estas weás que salen en el "Diario de Eva") a través de ciudades, y juntando medallas para después ganarle a los Maestros Pokemon de la Liga y ser el más bakán, como en todos los juegos. Y entonces en tu camino además de encontrarte Pokemones y atraparlos, también te encuentras con personas que te ayudan, te desafían a duelos, o te regalan cosas. Entonces fue ahí que me di cuenta que en el juego estas personas están siempre en el mismo lugar; mientras tu avanzas y recorres ciudades, juntas cosas, ganas experiencia, ellos se quedan ahí, esperando que aparezcas, y luego de que te relacionaste con ellos, se quedan ahí, sin hacer nada con sus vidas; el objetivo de sus vidas era hablarte, darte una Pokebola, o perder en una batalla contigo.
Si pensamos en otro juego, también ocurre lo mismo; en MarioBros las tortuguitas siempre venían hacia ti y tu las matabas; su vida era caminar hacia ti y morir. Al final siempre llegabas donde Bowser, que siempre esperaba en el mismo lugar, y lo matabas, salvabas a la princesa, que también estaba siempre en el mismo lugar, y ganabas. No hay ningún juego en que los enemigos y los demás personajes que no sean el jugador sean lo suficientemente inteligentes como para tener sus propias decisiones y su vida propia, porque están programados.
Entonces se me ocurrió: ¿Y si toda la gente y las cosas que me rodean están de alguna forma programadas para relacionarse conmigo, no tienen existencia propia, y sólo existen para ayudar a que mi vida se desarrolle? Si le digo esto a alguien me dirá "Pero yo existo, tengo mi vida y todo", pero... ¿Y si esa es la respuesta predeterminada que tienen que dar para que yo no piense en esto?

Continuaré con la reflexión después, pa que no sea tan largo todo. La próxima voy a desarrollar la teoría, y relacionarla con la "Teoría de la Matrix", que también se me ocurrió una vez.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Yo creo que...



Yo creo que en este blog puedo hablar libremente de lo que creo; por eso: yo creo que todavía es posible la revolución pacífica; yo creo que en Chile no hay democracia de verdad; (es más) yo creo que la democracia es utópica; yo creo que Huxley puede tener razón; yo creo que puedo estar equivocado; yo creo que Yoda pudo perfectamente ser real; yo creo que Tolkien es un genio; yo creo que en 100 años más el mundo será más gris; yo creo que el calentamiento global es reversible (siempre que todos nos pongamos las pilas luego); yo creo en los OVNIS; yo creo que debí haber nacido en los 50; yo creo que la post-modernidad es el reflejo de la desesperación del hombre frente al capitalismo moderno (jajaja xD); yo creo que el arte se puede salvar; yo creo que cualquier puede ser compositor; yo creo que el Cine Chileno va a prosperar; yo creo que la música fue, es y será siempre puramente emocional; yo creo que Dream Theater es la mejor banda que pude conocer; yo creo que Lost es una obra de arte; yo creo que Hollywood tiene cosas muy buenas, como también creo que tiene cosas que merecen no existir; yo creo que Bush sabía sobre los atentados del 11 de septiembre; yo creo que Bush es un imbécil; yo creo que la educación es la respuesta; yo creo que nadie es consecuente al 100%; yo creo que ser ateo no es necesariamente no tener espiritualidad; yo creo que Benedicto XVI es muy cínico; yo creo que el Chile de la tele existe sólo en la tele; yo creo que los fachos son lo peor que le pudo pasar al país; yo creo que cada día estamos más cerca de que el movimiento social estalle; yo creo que cuando sea viejo, estaré observando con mis propios ojos un cambio mundial; yo creo que creer que todo lo dicho aquí es cierto sería muy arrogante de mi parte.

Yo creo que en todo esto, y si alguien cree que es tonto, raro, o equivocado; pues hay gente que cree en Dios, ¿o no?

Creo que el que quiera comentar, deberá opinar y responder que cree ;)